Un equipo internacional de científicos ha desarrollado un motor molecular capaz de girar utilizando únicamente electricidad, cambiar de dirección cuando se invierte la corriente y aumentar hasta cien veces la cantidad de electricidad que circula a través de él. El dispositivo está formado por una sola molécula y representa un avance en la fabricación de máquinas extraordinariamente pequeñas.
El descubrimiento, publicado el 22 de octubre de 2026, recupera un principio mecánico conocido desde hace más de dos mil años: el tornillo de Arquímedes, una estructura helicoidal utilizada tradicionalmente para elevar agua.
Los investigadores han conseguido reproducir ese funcionamiento a escala molecular, aunque sustituyendo el movimiento del agua por el de los electrones.
Cómo funciona un motor formado por una sola molécula
El dispositivo utiliza una molécula orgánica con forma de espiral, situada entre dos electrodos de oro extremadamente finos. Su tamaño es de apenas unos nanómetros, millones de veces menor que el de un motor convencional.
Cuando los científicos aplican una diferencia de voltaje, los electrones atraviesan la molécula y le transfieren movimiento, provocando que gire sobre su propio eje.
El resultado es especialmente llamativo porque la dirección del giro puede controlarse invirtiendo la polaridad eléctrica. La molécula comienza entonces a rotar en sentido contrario.
Los experimentos también demostraron que, al superar determinado voltaje, el movimiento pasa de pequeños giros sucesivos a una rotación continua.
En ese momento se produce el fenómeno más sorprendente: la corriente eléctrica que atraviesa la molécula puede aumentar hasta cien veces.
Para comprenderlo, científicos de la Universidad de Augsburgo utilizaron simulaciones cuánticas. Descubrieron que el movimiento permite adoptar posiciones moleculares por las que los electrones circulan con mucha mayor facilidad.
Un avance que podría transformar la electrónica del futuro
El motor fue desarrollado mediante una colaboración internacional en la que participaron investigadores de Israel, Alemania, Dinamarca y China.
Una de las características más interesantes del dispositivo es que los científicos pueden modificar su comportamiento estirando o comprimiendo ligeramente la molécula entre los electrodos de oro.
De esta manera, consiguen ajustar el voltaje necesario para que comience la rotación continua y se produzca el incremento de la corriente.
El descubrimiento abre nuevas posibilidades para desarrollar componentes electrónicos moleculares, dispositivos de espintrónica y máquinas capaces de manipular cantidades diminutas de líquidos.
Sin embargo, todavía se trata de un experimento de laboratorio. Las pruebas se realizaron en condiciones extremadamente controladas, a temperaturas próximas al cero absoluto, por lo que no existe una aplicación comercial inmediata.
Su verdadero valor está en demostrar que una sola molécula puede funcionar como una máquina controlable: la electricidad produce movimiento y ese movimiento modifica, a su vez, el paso de la electricidad.
Un mecanismo que podría sentar las bases de una nueva generación de dispositivos construidos prácticamente átomo a átomo.