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Científicos logran que moléculas sobre un cristal alcancen el límite cuántico de coherencia

Un equipo de científicos ha conseguido que moléculas individuales depositadas sobre la superficie de un cristal alcancen el límite fundamental de coherencia óptica permitido por la física cuántica. El avance, desarrollado en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Luz, en Alemania, supera uno de los principales obstáculos para estudiar y controlar moléculas sobre superficies sólidas: las perturbaciones del entorno que alteran sus propiedades cuánticas.

Los resultados se publicaron en la revista científica Science el 25 de junio de 2026 y han vuelto a recibir atención divulgativa este 19 de octubre. El experimento demuestra que es posible preparar superficies suficientemente limpias y estables para estudiar moléculas sin que las perturbaciones externas dominen su comportamiento óptico.

El logro podría facilitar el desarrollo de nuevas técnicas de investigación molecular y, a más largo plazo, contribuir a tecnologías relacionadas con la computación cuántica, la comunicación cuántica y la manipulación de la materia a escala nanométrica.

Sin embargo, el experimento no supone la creación de un ordenador cuántico ni de un dispositivo comercial. Su importancia reside en haber demostrado una capacidad experimental que hasta ahora no se había conseguido con moléculas adheridas a una superficie.

El problema que impedía estudiar moléculas sobre superficies sólidas

Las moléculas pueden comportarse como emisores cuánticos, sistemas capaces de absorber energía y liberar luz en forma de fotones.

Estos emisores resultan interesantes porque permiten investigar las interacciones entre la luz y la materia a escalas extraordinariamente pequeñas.

En determinadas condiciones, también pueden utilizarse para estudiar cómo se genera y transmite información cuántica.

El problema aparece cuando una molécula entra en contacto con un entorno que altera sus estados energéticos.

Las vibraciones de los materiales, las irregularidades de una superficie y otras perturbaciones pueden modificar sus propiedades ópticas.

Como consecuencia, la molécula pierde parte de la coherencia necesaria para realizar mediciones extremadamente precisas.

Durante años, los investigadores han utilizado diferentes estrategias para reducir estas interferencias.

Una consiste en mantener átomos o moléculas atrapados en el vacío. Otra es introducir los emisores dentro de materiales sólidos especialmente preparados.

Ambas alternativas presentan ventajas, pero también limitaciones.

Colocar las moléculas directamente sobre una superficie permitiría acceder a ellas de forma más sencilla mediante instrumentos de precisión.

Hasta ahora, sin embargo, las perturbaciones producidas por ese contacto dificultaban alcanzar el comportamiento óptico ideal.

Cómo consiguieron preparar una superficie casi libre de perturbaciones

La clave del experimento no fue desarrollar una molécula completamente nueva, sino crear un entorno excepcionalmente limpio y estable.

Los investigadores utilizaron un pequeño cristal colocado dentro de una cámara de vacío equipada con un sistema de refrigeración capaz de alcanzar temperaturas extremadamente bajas.

El procedimiento consistió en preparar su superficie mediante un proceso controlado de sublimación.

Durante este proceso, las capas superiores del cristal se evaporaron progresivamente y arrastraron consigo parte de los contaminantes acumulados.

El resultado fue una superficie nueva, con una presencia mínima de impurezas.

Posteriormente, el equipo redujo la temperatura hasta situarla apenas unos grados por encima del cero absoluto.

Este enfriamiento permitió detener la sublimación y mantener estable la superficie preparada.

El siguiente paso consistió en depositar moléculas individuales sobre el cristal mediante una pequeña fuente de evaporación.

Las moléculas quedaron adheridas a la superficie, donde pudieron estudiarse mediante técnicas de espectroscopia óptica de gran precisión.

Etapa experimentalFinalidad
Introducir el cristal en una cámara de vacíoReducir las interacciones con el entorno
Sublimar sus capas superficialesEliminar contaminantes
Enfriar el cristal a temperaturas criogénicasMantener estable la superficie
Depositar moléculas individualesPreparar los emisores cuánticos
Analizar sus transiciones ópticasMedir la coherencia y las perturbaciones

La combinación de estas operaciones permitió alcanzar unas condiciones que anteriormente habían resultado difíciles de conseguir con moléculas situadas directamente sobre un sólido.

Qué significa alcanzar el límite cuántico de coherencia

Para entender el descubrimiento hay que distinguir entre la duración de un estado cuántico y las perturbaciones que pueden alterar su comportamiento.

Cuando una molécula absorbe energía luminosa, puede pasar a un estado excitado.

Después de un determinado tiempo, libera parte de esa energía mediante la emisión de un fotón.

Este proceso tiene una duración característica que establece un límite físico para determinadas propiedades ópticas del emisor.

En condiciones ideales, la anchura espectral de la transición está relacionada con el tiempo de vida del estado excitado.

Esta relación se conoce como límite de Fourier.

Cuando existen perturbaciones adicionales, la transición óptica se ensancha y la coherencia se degrada.

Los investigadores consiguieron eliminar gran parte de esas contribuciones externas hasta observar transiciones cuya anchura alcanzaba el límite determinado fundamentalmente por el tiempo de vida del estado excitado.

Es decir, la calidad de la señal óptica ya no estaba dominada por el ruido de la superficie.

Por qué el resultado es tan relevante

En entornos poco controlados, las interacciones con el material pueden reducir la coherencia óptica de los emisores cientos o miles de veces respecto a las condiciones ideales.

El experimento demuestra que esa degradación no es inevitable por el simple hecho de colocar una molécula sobre un cristal.

Cuando la superficie se prepara adecuadamente y se reducen las perturbaciones térmicas, las moléculas pueden conservar las propiedades ópticas necesarias para alcanzar el límite fundamental de coherencia.

Esto no significa que los científicos hayan superado una ley de la física.

Han conseguido aproximarse al comportamiento óptimo permitido por ella en una configuración experimental que anteriormente presentaba dificultades importantes.

La distinción es esencial: el avance consiste en alcanzar un límite, no en sobrepasarlo.

La superficie también modifica la energía de las moléculas

Una vez alcanzadas las condiciones de coherencia necesarias, los investigadores pudieron estudiar con mayor detalle cómo afecta el cristal a las moléculas depositadas.

Los resultados revelaron que la interacción con la superficie influye en diferentes propiedades.

Una de ellas es la orientación que adoptan las moléculas cuando quedan adheridas al material.

También se observaron modificaciones en sus niveles energéticos.

Estos cambios se manifiestan mediante desplazamientos en las frecuencias de sus transiciones ópticas.

El equipo encontró además indicios de que la superficie puede afectar a la forma de las moléculas o a sus modos de vibración.

Sin embargo, estos últimos efectos requieren investigaciones adicionales para comprender completamente los mecanismos que los producen.

La información es relevante porque demuestra que una superficie no actúa únicamente como soporte físico.

El material sobre el que se deposita una molécula puede influir directamente en su comportamiento cuántico.

Comprender estas interacciones permitirá diseñar experimentos más precisos y estudiar nuevas formas de controlar las propiedades de sistemas moleculares individuales.

Qué aplicaciones podría tener en la computación cuántica

Una de las posibles aplicaciones a largo plazo está relacionada con la utilización de emisores cuánticos en tecnologías de información.

Los ordenadores cuánticos emplean unidades de información denominadas cúbits, cuyo funcionamiento depende de mantener y controlar determinados estados cuánticos.

Las moléculas y otros emisores pueden servir como plataformas experimentales para investigar formas de almacenar, procesar o transmitir información.

Sin embargo, no todos los emisores cuánticos funcionan directamente como cúbits utilizables en un ordenador.

En el caso de este experimento, el resultado demostrado es la obtención de transiciones ópticas extremadamente estrechas y coherentes en moléculas adheridas a una superficie.

Esta capacidad puede resultar útil para estudiar el acoplamiento entre moléculas y fotones.

También podría facilitar el desarrollo de dispositivos que necesiten fuentes de luz cuántica con propiedades bien controladas.

La gran ventaja potencial de trabajar sobre superficies es que las moléculas podrían posicionarse y manipularse mediante técnicas nanométricas.

Eso permitiría investigar configuraciones más complejas que las obtenidas con emisores completamente aislados en el vacío.

No obstante, todavía será necesario demostrar cómo integrar estos sistemas en dispositivos funcionales y escalables.

La comunicación cuántica, otra posible beneficiada

Los emisores cuánticos también despiertan interés en el ámbito de las comunicaciones.

En determinados protocolos, los fotones se utilizan para transmitir información cuántica entre dispositivos.

Para conseguirlo, resulta necesario controlar cuidadosamente las características de la luz emitida.

Entre ellas se encuentran la frecuencia, la estabilidad temporal y la capacidad de generar fotones con propiedades reproducibles.

Las moléculas que alcanzan el límite de coherencia óptica podrían convertirse en herramientas útiles para investigar este tipo de procesos.

Su estabilidad permite estudiar interacciones entre luz y materia con menos perturbaciones externas.

Sin embargo, el experimento no demuestra todavía una red de comunicación cuántica basada en estas moléculas.

Tampoco establece una mejora concreta en la distancia de transmisión o en la velocidad de las comunicaciones.

Por ahora, se trata de una plataforma experimental que podría contribuir al desarrollo de componentes futuros.

El siguiente objetivo: manipular moléculas con precisión nanométrica

Los investigadores quieren combinar la técnica desarrollada con instrumentos capaces de estudiar y modificar superficies a escalas extremadamente pequeñas.

Entre ellos destacan dos herramientas:

  • Microscopía de fuerza atómica (AFM): permite explorar superficies mediante una sonda muy fina que detecta fuerzas entre la punta y el material.
  • Microscopía de efecto túnel (STM): utiliza fenómenos cuánticos para estudiar superficies conductoras con una resolución extraordinariamente elevada.

Estas técnicas permiten investigar estructuras individuales y, en determinadas condiciones, manipular átomos o moléculas.

El equipo dirigido por Vahid Sandoghdar pretende combinarlas con el nuevo procedimiento de preparación de superficies.

El objetivo es disponer de control local sobre emisores cuánticos individuales, con precisión de unos pocos nanómetros.

Un nanómetro equivale a una milmillonésima parte de un metro.

Si esta combinación funciona según lo previsto, podría permitir estudiar cómo cambia el comportamiento cuántico de una molécula al modificar su posición, orientación o entorno inmediato.

También facilitaría la investigación de interacciones entre diferentes emisores situados sobre una misma superficie.

La manipulación mediante AFM y STM constituye una línea de trabajo futura, no una capacidad ya demostrada por el experimento de coherencia óptica.

Quiénes han realizado el descubrimiento

La investigación fue desarrollada principalmente por científicos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Luz, situado en Erlangen, Alemania.

Entre los investigadores participantes figuran Masoud Mirzaei, Alexey Shkarin y Vahid Sandoghdar.

El trabajo también contó con la colaboración de especialistas en física teórica, entre ellos Burak Gürlek, vinculado al Instituto Max Planck para la Estructura y Dinámica de la Materia, en Hamburgo.

La contribución teórica ayudó a interpretar cómo la temperatura y las propiedades de la superficie influyen en las transiciones ópticas.

Los modelos utilizados relacionan las mediciones experimentales con fenómenos como las interacciones entre electrones y vibraciones del material.

También permiten estudiar cómo las fuerzas intermoleculares modifican las energías de las moléculas depositadas.

La combinación de resultados experimentales y modelos teóricos refuerza la interpretación del fenómeno observado.

El estudio se publicó bajo el título Nano–electron volt Fourier-limited transition of a single surface-adsorbed molecule.

Su principal aportación consiste en demostrar que una molécula situada directamente sobre un material sólido puede presentar una transición óptica con una anchura limitada fundamentalmente por su tiempo de vida natural.

Qué falta para convertir el avance en una tecnología útil

Aunque el resultado constituye un progreso experimental importante, todavía existen varias limitaciones.

La primera es la necesidad de trabajar a temperaturas criogénicas, apenas unos grados por encima del cero absoluto.

Mantener esas condiciones requiere equipos de refrigeración especializados.

La segunda es la preparación de superficies extremadamente limpias dentro de cámaras de vacío.

Estos requisitos dificultan trasladar inmediatamente el procedimiento a dispositivos comerciales.

También será necesario investigar cómo se comportan diferentes tipos de moléculas y materiales.

Un método que funciona en una configuración experimental no tiene por qué ofrecer exactamente los mismos resultados en otras superficies.

Además, todavía debe demostrarse la posibilidad de integrar varios emisores, controlar sus interacciones y utilizarlos de manera fiable en sistemas más complejos.

El trabajo constituye una base para futuras investigaciones, pero no permite establecer cuándo podrían aparecer aplicaciones industriales.

Un pequeño experimento con grandes implicaciones para la física cuántica

La investigación demuestra que las superficies sólidas pueden ofrecer un entorno mucho más favorable para los emisores cuánticos de lo que permitían conseguir muchos experimentos anteriores.

Mediante una preparación extremadamente cuidadosa del cristal y un control riguroso de la temperatura, los científicos lograron que moléculas individuales alcanzaran el límite fundamental de coherencia óptica.

El avance proporciona una nueva herramienta para estudiar las interacciones entre moléculas, luz y materiales.

También abre posibilidades para investigar cómo manipular emisores cuánticos directamente sobre superficies, una capacidad de interés para tecnologías futuras.

Sin embargo, su utilidad inmediata pertenece al ámbito de la investigación fundamental. Las aplicaciones en computación o comunicación cuántica todavía deberán demostrarse.

El descubrimiento muestra que uno de los mayores obstáculos para controlar sistemas cuánticos diminutos no siempre está en la molécula, sino en el entorno que la rodea. Al reducir ese ruido hasta el límite físico permitido, los investigadores han conseguido observar propiedades que podrían ayudar a diseñar nuevas formas de trabajar con la materia a escala molecular.

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